Salta al contingut principal

Entrades

S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: febrer, 2020

Como la cerradura misma, como la vida misma...

Se rompió una cerradura de tanto usarla. Se rompió una cerradura siempre cerrada. Por exceso y por defecto todo se rompe, hasta lo intangible y etéreo. Lo que no se cuida se quiebra y lo que se olvida se pierde... Como el camino que no se pisa y se desvanece en el verde. Nunca podremos volver a aquel entonces... Pero siempre quedan caminos, que nos llevan hacia delante.

Creí ser roca dura...

Creí ser roca dura, observé su dureza, alabé su dureza y la vi quebrar. Y al final de la partida, me di cuenta de que era un gas, un gas que ocupa los lugares que le dejan ocupar. Ya no trato de conseguir, no voy a empujar, pero donde me dejen me voy a expandir, donde no me dejen me contraeré. Ya no quiero ser roca dura, ya no voy a chocar... Tampoco necesito permanecer, solo necesito ser. Es tan frágil la roca dura...

Como un Quijote cualquiera...

A veces me siento como un Quijote cualquiera. Sin rocín, sin Rocinante, sin meta... Por eso hoy me he propuesto volver a tener tiempo para escribir. ¿Para escribir qué? A veces un cuento, a veces un poema, a veces una tontería, otras una malicia o una simple reflexión. Me viene a la cabeza una frase, sin aparente sentido: "¡Arre Rocinante! Que aquí tampoco era... Y me veo buscando la felicidad y me pregunto... ¿pero eres feliz? Sí, claro. He trabajado mucho mi autonomía emocional para ser feliz a pesar de todo, pero eso no es mi meta, en mi meta no haría falta esa etiqueta de "a pesar de todo". Por todo eso, una sonrisa y a seguir: ¡Arre Rocinante! Sin perder la sonrisa, que la felicidad no nos la robe nadie. Que nadie se asuste, que yo no busco dulcineas que me den calabazas, yo tengo una gran compañera. No más cuerda que yo, que las cuerdas solo atan. ¡Arre Rocinante! Que aquí no era. Volvamos a trotar por verdes praderas.