Si yo fuera el mal y tú el bien te diría: Si dices que me regalas tu ausencia y al verme me miras con desazón u odio... Si cuando no estoy me recuerdas... Si al pensar en mí me odias o te enervas... No has entendido nada, ni me regalas tu ausencia. Me regalas tu tiempo, tus desvelos, tu sufrimiento. Me regalas muchas cosas, pero no la que pregonas. Proclamas tu victoria, pero es falso, esa es tu derrota. Por contra, yo te miro como quien mira a un extraño, te saludo como quien saluda a un extraño y te sonrío con cortesía, sin falsedad, porque ni te odio, ni me importas. Y eso me convierte en libre. Ya no puedes herirme, ya no tienes ninguna fuerza. Por favor, de verdad aprende a regalarme tu ausencia. De ti no quiero ninguna otra cosa. Pd: dedicado a la buena gente, que algunas veces no sabe regalar su ausencia.