Fuimos a las manifestaciones del 8M. Fuimos a la mascletá todos los días que pudimos. Fuimos al fútbol y si nos lo prohibieron, fuimos a la puerta del estadio. Fuimos a mítines, a cenas y comilonas. Fuimos de viaje a Italia, China... y a la vuelta nos partíamos del virus ese. Además, a la vuelta del viaje llevamos a nuestros hijos e hijas a los centros educativos. Fuimos a los bares y repartimos besos. Dijimos que iríamos a la Magdalena a pesar de todo. Nos rasgamos las vestiduras por defender la Semana Santa. Fuimos a las carreras populares. E hicimos vida normal. Llegaron las primeras restricciones y... fuimos a nuestra segunda residencia. Fuimos todos juntos a pasear por la sierra. Fuimos a comprar en masa, en avalancha. Volvimos a comprar en masa hasta no tener dinero o espacio para comprar más. Hicimos triquiñuelas para pasear. Fuimos a correr, a pedalear, a caminar hasta ser detenidos. Organizamos fiestas privadas en pleno confinamiento, a veces multitudinarias...